Ellas

Lucía ha salido esta noche. Tiene 25 años y está en la flor de la vida. Se ha tomado un par de copas con sus amigos en la discoteca Sidecar, en pleno centro de Barcelona, mientras discutían sobre qué canción era más buena, si la de Franz Ferdinand o la de The Strokes, o  de si Luis se liaría al final con aquella chica que le tiene puesto el ojo desde hace rato. Entre risas han bailado y reído hasta agotarse. El tiempo se para en esas noches: solo amigos y buena música. “A veces es lo único que necesito para ser feliz”, piensa Lucía. “Bueno, y a Ángel: lástima que no ha podido salir hoy con nosotros porque le ha tocado turno nocturno. Me muero de ganas de verlo”.

Ana ha empezado la carrera de Psicología en la Universidad de Sevilla. La verdad es que tenía bastante miedo y a la vez inquietud por empezar en la universidad, conocer gente nueva, y aprender sobre el funcionamiento de la mente humana para convertirse en una buena psicóloga, fundar su propio gabinete y ayudar a los demás a gestionar sus emociones, cosa que nunca le enseñaron a ella. Los cambios siempre le han dado mucho respeto, porque Ana es una chica sensible y más bien introvertida. Amiga de sus amigos, eso sí, pero muy suya. Los que la conocen saben bien cómo es: generosa, afable, comprensiva, ordenada y muy confiable. Hoy ha sido su primer día de clase y está muy contenta: ha conocido a gente muy maja con la que cree que tendrá muchas cosas en común, y los profesores a los que ha conocido parecen muy competentes.

Maribel trabaja de camarera en un pub de Malasaña, en Madrid. Es una chica con las ideas claras, de carácter fuerte y extrovertido. Está un poco cansada de trabajar de noche. Cuando tenía 18 aún, pero ahora con 26 años se le empieza a hacer cuesta arriba, sobre todo porque cada vez hay más pesados que le tiran la caña. Es una chica muy atractiva e inteligente. Lleva 2 años sin salir con nadie (lo que se dice salir en serio, vaya), porque Laura la dejó por un chico hace un par de veranos y se le quitaron las ganas de estar en pareja. Vive sola en el barrio de Lavapiés, en un piso minúsculo pero acogedor, el único que puede pagar con su sueldo de camarera. Un día de estos dejará el pub y se irá de viaje: un año sabático por Argentina o Brasil.

 

Mientras Lucía piensa en Ángel, ve que en el mismo vagón de metro en el que va ella hay un grupo de chicos que le dan muy mala espina. Lucía nunca ha tenido miedo de ir sola por la calle, ni en el metro, pero últimamente se siente bastante insegura: tiene la sensación que la delincuencia va en aumento, y después de los casos de La Manada y tantos otros, le da cosa hasta ponerse una falda muy corta si no va acompañada de Ángel. Pero esta noche se ha puesto su minifalda, se siente súper guapa con ella, y además está tranquila porque Ángel la espera en la próxima parada para volver a casa juntos.

Después de conocer a una chica majísima al salir de la universidad que le ha preguntado la hora, Ana se ha parado en la librería de la esquina a comprar un par de libros de lectura obligada para este trimestre, y ha pasado por el estanco a comprarse un paquete de tabaco de liar, justo antes de que cerraran. Se ha liado uno y ha seguido andando calle abajo, ordenando las ideas y repasando cómo ha ido el día. “Hoy volveré caminando tranquila, tengo ganas de pensar”, se ha dicho.

Esta ha sido una noche especialmente larga para Maribel: ha ido a trabajar porque necesita el dinero, aunque está a punto de bajarle la regla y tiene un dolor de barriga insoportable. No sabe qué haría sin el ibuprofeno en estos días… Lo mejor sería poder quedarse en casa y descansar, pero son cosas que no puede permitirse ni pensar desde que se fue de casa de sus padres, cansada de tanta discusión y malos rollos. Pero ya solo falta una hora para que cierre el local, y después de haberlo limpiado todo con sus compañeros, podrá pillar el autobús nocturno y llegar a casa. Dormirá hasta el mediodía mañana y llamará a su mejor amigo, Dani, para ver un par de pelis juntos por la tarde. Sofá, manta y palomitas, el plan ideal para un domingo cualquiera.

 

Son las 6 de la mañana y Lucía ha llegado justo a tiempo a Can Peixauet. No funcionan las escaleras mecánicas y los tacones la están matando, así que decide coger el ascensor.

Son casi las 22h de la noche y Ana está llegando a casa. Vive en una zona residencial tranquila de clase media-alta, con muchas zonas verdes, comercio de proximidad y peluquerías de las que sales siempre muy fashion. Al girar la esquina se cruza con un extraño: le suena su cara, debe ser un vecino o algún conocido de su padre.

Son las 7 de la mañana y Maribel por fin está en el autobús. Se ha quedado dormida en el asiento de atrás escuchando a Jack Johnson en Spotify. Está tan cansada que hasta ha soñado que iba con un vestido azul en un caballo, cabalgando a la orilla del mar. Se ha dicho a sí misma que es el típico sueño de película americana poco creíble, y no sabe de dónde ha podido sacar eso su inconsciente, pero le ha hecho gracia soñar eso, piensa mientras saca las llaves del bolso, ya en su portal. “Mañana se lo contaré a Dani, va a flipar”.

 

Lucía se forcejea con los 2 chicos, pero no puede evitar que finalmente entren en el ascensor junto a 12 más. Van muy colocados.

A Ana de repente la han cogido del brazo, le han tapado la boca y la han tirado en el jardín de detrás de su casa, donde suele bajar a pasear a su perro, Jackie. Nunca le explicó a nadie lo que pasó esa noche, ni quién era él. No tuvo hijos hasta los 38: deseó con todas sus fuerzas que no fueran mujer y si lo eran, las enseñaría desde pequeñas a defenderse.

Maribel va a abrir la segunda puerta de su portal, pero de repente nota una presencia detrás suyo. “Debe haber entrado antes de que se cerrara la puerta”, se teme, y siente un escalofrío por todo el cuerpo. Eso es lo único que sentirá en mucho tiempo. Eso, y un sentimiento de culpa indescriptible por no haber reaccionado. Se lo contó todo a Dani al día siguiente, que se quedó a dormir con ella todo el mes siguiente, hasta que ella dejó el pub y se fue a Argentina, por más que todo el mundo le dijera lo vulnerables que son las mujeres viajando solas, y más por Argentina. “¿No irás a hacer autostop, con la de camioneros salidos que hay por allí?, le advirtió Sandra, una de sus mejores amigas. Pero todos los camioneros a los que conoció resultaron ser buenas personas, como tantas otras en tantas otras partes del mundo. Ella solo tuvo mala suerte esa noche.

Lucía no puede pensar, ni gritar, ni hablar. Lucía se ha convertido en una minifalda, nada más. Ángel, al ver que Lucía le había enviado un WhatsApp hacía una hora y no subía, ha bajado a buscarla, pero antes de que pudiera llegar al vestíbulo lo han apuñalado por la espalda. Lucía y Ángel se han quedado en el suelo, inconscientes: si pudieran pensar, se arrepentirían. Ella, de haberse puesto minifalda y tacones esa noche. Él, de no bajar antes a buscarla.

 

https://elpais.com/elpais/2018/06/21/opinion/1529597372_878231.html

https://www.lavanguardia.com/sucesos/20181111/452853998558/agresion-sexual-multiple-joven-santa-coloma-de-gramenet.html

https://www.elnacional.cat/es/sociedad/detenidos-violacion-barcelona_271137_102.html

https://www.lavanguardia.com/sucesos/20180604/444062380960/razzmatazz-violacion-denuncia-menor.html

https://www.codigonuevo.com/feminismo/pareja-maltrata-quieres-separar-contrata-seguro-violencia-genero

http://www.ccma.cat/324/una-dona-atesa-cada-dia-al-clinic-per-agressio-sexual-un-33-mes-que-el-2017/noticia/2888199/

https://elpais.com/tag/movimiento_metoo/a

 

 

Photo by Kristina Flour

 

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