Metamorfosis

Rompió el sueño una mañana de otoño fría pero soleada. Las hojas empezaban a serpentear y se oía a lo lejos un murmullo de luciérnagas (en realidad, no se oía nada, pero lo de las luciérnagas quedaba bien). Había estado sangrando toda la noche en una eterna pesadilla. Nada como un buen despertar de otoño para seguir viviendo y romper con ese horripilante mar de sangre.

Lástima que al ir al baño, el primer gesto cotidiano del día, la sangre era real, y aturdida como estaba, volvió a la cama a cambiar de sueño.

Si hubiera sabido de antemano que al volver a despertarse iba a ser un hombre hecho y derecho, quizás no hubiese vuelto a dormir. ¿Cómo explicar ahora al mundo que ya no era una mujer? ¿Cómo acostumbrarse a vivir con esa cosa colgando entre las piernas?

 

Photo by Jaroslav Devia

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