Malos humos

Hay días que, más que levantarte con el pie izquierdo, parece que te ha pasado una apisonadora por encima. Te levantas con malos humos porque has tenido alguna extraña pesadilla, o porque había un mosquito merodeando por la habitación (ya sabes, cuando enciendes la luz desaparecen por arte de magia y cuando la apagas… zzzumm, zzzumm). Si no había mosquito quizás no corría el aire o simplemente esta noche tu cabecita loca iba de una idea a otra -a cuál más descabellada-, y ni la infusión ni el cuento de las ovejitas han puesto remedio a tu sueño.

Esos días que duermes como el culo, no encuentras asiento en el tren, llegas tarde al trabajo, tu jefe te mira mal, tus clientes se han puesto de acuerdo para pedirte cosas imposibles y, eso sí, con presupuesto ajustado; tus compis de trabajo parece que han dormido peor que tú, lees en el periódico alguna injusticia sobrehumana, tienes tanto trabajo que no te da tiempo ni de comer, y para colmo al llegar a casa tu pareja te acecha con algo que no viene a cuento y para rematar te dice que tienes malos humos, que si es que tienes la regla.

Total que hay días que uno preferiría no haber existido, mejor apagar la luz, esconderte debajo de las sábanas y en vez de contar ovejitas repetirte el siguiente mantra:

“Mañana será otro día”.

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